Héctor Pérez, emprendiendo en la era de la colaboración en masa

Estado mental alfa o de flujo

Posted in Español by Héctor Pérez on enero 18, 2010

Si el otro día comentaba que mi objetivo principal para 2010 es tener la disciplina necesaria para realizar completamente la “revisión semanal” de GTD, hoy voy a explicar el porqué.

Hace un par de años estuve en un seminario de dos días impartido por Juan Planes y organizado por el Colegio de Ingenieros de Teleco. Trataba sobre coaching, dirección de equipos e inteligencia emocional. Un año después asistí al curso de inteligencia emocional de Isabel Altozano, organizado por el Centro de Formación de Posgrado de la Universidad Politécnica de Valencia. Se dijeron muchas cosas interesantes en estos dos cursos pero a mi se me quedaron dos:

La primera es que las reacciones del ser humano ante determinados estímulos está muy estudiada y es sorprendente la de cosas que se saben (o que saben los psicólogos y gente que ha estudiado el tema). Por ejemplo, si al hablar en público se nos entrecorta la voz e incluso temblamos o se nos revuelve el estómago, es porque “tenemos vergüenza”. ¿Y qué es tener vergüenza? Haber interiorizado o programado ciertos comportamientos ante determinados estímulos. Como todo, tiene su función en la naturaleza y en la teoría Darwiniana, ya que si en otras épocas nos atrevíamos a expresar ciertas ideas nos jugábamos la vida. Incluso hoy en día que supuestamente tenemos libertad de expresión, aún nos callamos muchas cosas por el miedo al “qué dirán”, a que se rían de nosotros, etc.

Lo realmente asombroso si lo entiendo bien (no conozco realmente el tema), es que esta programación que nos causa vergüenza u otros muchos estímulos-reacciones puede cambiarse, reprogramarse. Es decir, como algunas programaciones internas ya no tienen sentido (el miedo es útil si nos pueden quemar en la hoguera por decir lo que pensamos), podríamos querer cambiar cómo somos. Por seguir con el mismo ejemplo, supuestamente alguien que no sabe hablar bien en público podría llegar a ser un excelente orador.

Aunque cada pequeño hábito lo tenemos tan interiorizado desde pequeños, que requiere mucho esfuerzo cambiarlo. Y como también parece lógico que no tiene sentido estar agobiados por cómo somos, puede que en muchos casos tenga más sentido potenciar nuestros fuertes en vez de querer corregir nuestros puntos flacos

La segunda idea es que la sensación que tenemos cuando sentimos que “el tiempo vuela”, “¿ya es la hora de comer/cenar?”, etc. y en el que somos hiper productivos, es un estado mental llamado flujo en el que estamos muy concentrados, relajados y sin preocupaciones.

Recordé inmediatamente que me había pasado en muchas ocasiones, a veces ideando e implementando algún proyecto de electrónica o robótica, programando, por supuesto jugando (mira que no he sido de consolas ni de muchos juegos de ordenador, pero algunos muy contados de estrategia como el Dune2, el Warcraft I y II y el Age of Empires II… suponían retos fascinantes; hasta que descubres que también hay retos interesantes en el mundo real).

Incluso recordé que en ocasiones puntuales me había sucedido estudiando Teleco. No muchas, porque el gran error del sistema educativo diría que es el hecho de que simplemente es aburrido; no ya las materias sino en cómo se imparten y evalúan. Empezar a estudiar una asignatura nueva suele ser interesante, a veces incluso te abre la mente e impresiona la de implicaciones que tiene (unas a nivel práctico en la vida y otras simplemente teóricas/juego mental); pero cuando ya conoces un poco de la asignatura (digamos para sacar un 2 o un 3 en un examen), entonces tienes que ponerte estudiar a desgana para sacar al menos un 5, y a veces es tremendamente aburrido y cuesta muchísimo concentrarse y quedarse sentado en la silla cuando hay otras cosas mucho más entretenidas que hacer.

Pero lo realmente fascinante que aprendí del estado mental alfa es que no viene de forma aleatoria, sino que podemos conseguir entrar más a menudo en este estado de trance. E incluso con práctica, supuestamente, a voluntad. ¿Qué significaría? Hiper rendimiento y divertirse al mismo tiempo.

Por supuesto, un alto rendimiento o productividad no quiere decir “trabajar más horas”, sino “hacer mucho más” en el mismo tiempo e incluso en menos (y además pasándoselo bien, ¿qué más se puede pedir?).

Eso me hizo recordar que casualmente los exámenes más duros de teleco solían ser en el primer semestre y aunque no estudiaba desde que acababan las clases (23 o 24 de diciembre) hasta el 3 o 4 de Enero (y a veces los exámenes empezaban el 8 o 9 de Enero), podía concentrarme muy bien y rendir.

Podía parecer un suicidio no estudiar nada esos días, pero el 3 o el 4 volvía metalizado en que hasta que acabaran los exámenes (normalmente el 29 o 30 de Enero), no existía nada más en mi vida que estudiar y aprobar los exámenes. Y al acabar el mes, volvía a ser una persona normal.

Creía que desconectar esos días me hacía rendir mucho después, pero ahora creo que la causa real era que estaba completamente realajado sin preocupaciones, obligaciones y otras tareas que “debía” hacer durante el mes de exámenes.

Es decir, las claves parece que son estar relajado, sin preocupaciones, sin agobios, etc.

Estupendo, ahora podemos intuir que tiene sentido que el hombre más feliz de el mundo sea un budista, ya que renuncia a muchas obligaciones a las que estamos habituados.

Pero aquí es donde entra GTD, que nos enseña que nuestras preocupaciones no son porque tengamos damasiadas cosas que hacer y nos haga falta más tiempo, sino porque hemos adquirido compromisos (con nosotros mismos fundamentalmente, a veces sin ser conscientes) que incumplimos sin ser del todo conscientes y/o porque tenemos muchas pequeñas tareas que en las que:

- No hemos aclarado cuál el objetivo y resultado de la tarea.

- O no hemos decidido cuál es la siguiente tarea física a realizar (email, llamar por telf., buscar información, lluvia de ideas, escribir, dibujar, etc.)

- O no hemos puesto recordatorios de la tarea en un sistema en el que podamos estar seguros que lo veremos (ya sea con un programa informático, con un postit o en la puerta de casa para que nos tropecemos al salir).

Es decir, que si toda acción, compromiso y responsabilidad está bien definida y tiene un objetivo y resultado claro, estamos seguros de tener recordatorios externos y lo revisamos con frecuencia, podemos “vaciar completamente” nuestra mente y relajarnos para concentrarnos mucho mejor y evitar que el día a día no nos deje ver más allá.

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